Autorregulación emocional: Emociones, lindas emociones.

De las primeras cosas que nos enseñan en el colegio son los números, las letras, los colores, las figuras, etc. Cómo me hubiera gustado que cuando niña también me hubieran enseñado sobre las emociones. Si desde pequeños aprendiéramos sobre el auto-control y la autorregulación, de adultos seríamos más inteligentes emocionalmente. Casi siempre la respuesta de los adultos cuando de niños nos caemos o llorábamos era: “No pasa nada, no llores” “ya estas grande para llorar”. Y en el caso de los niños ni se diga, a ellos usualmente les dicen: “los niños no lloran”, eso es cosa de chicas” etc… Cada vez que entrábamos en contacto con alguna emoción nos paraban, nos corregían. Crecemos sin estar en contacto con ellas. Solo sabemos que estar feliz está bien y al mismo tiempo ni sabemos qué nos hace felices. 

Al hablar de emociones deberíamos dejar de decir que unas son buenas y las otras malas, o que unas son positivas y las otras negativas. Yo cambiaría estos términos y me dirigiría a ellas como agradables y desagradables. Ya entenderás por qué… 

Las emociones básicas son: miedo, alegría, tristeza, ira, asco y sorpresa, o MATÍAS, si las unimos en una sigla. Si sabemos identificar estas emociones, cada una nos dice cómo nos encontramos y nos dan indicios de qué podemos hacer y cómo podemos actuar. Por ejemplo, aquellos que dicen que el miedo es una emoción negativa, yo te digo que es importantísima. Gracias al miedo sabemos cuándo estamos en peligro. Si no fuera por el miedo, ¡nos ponen un león al frente y no huiremos, y nos comería el león! Este ejemplo lo podemos aplicar a cada situación de nuestras vidas donde las emociones son guías de cómo actuar. 

Nuestras emociones son tan esenciales para conocernos a nosotros mismos que es de suma importancia conocerlas bien. Saber la diferencia entre la rabia y la tristeza, dos emociones que muchas veces se entrelazan y que al saber su diferencia les podemos dar un mejor manejo. Ambas son parte de nuestras emociones básicas, pero cumplen con una misión distinta, lo que pasa es que cuando las vivimos no realmente nos detenemos a sentirlas e identificar cuál es, o en muchos casos ni por qué realmente la estamos viviendo. ¿Nunca les ha pasado que se levantan un día molestos, pero realmente no entienden por qué? Esa emoción está ahí contigo ese día para decirte algo, para advertirte, para que tengas precaución. 

¿Qué pasaría si cuando empezamos a identificar en nuestro cuerpo y nuestra mente las señales de ira, empezarnos a regularnos desde el primer momento? Sería genial, así, en especial a esas personas que les cuesta más, podrían regularse sin necesidad de explotar. La ira es una emoción que viene con una carga de energía especial, haciendo que en la mayoría de los casos tenga una consecuencia negativa en nuestra vida. Es una emoción que cuesta gestionar y nos lleva a la impulsividad. ¿Qué pasa cuando no manejamos bien la tristeza? Esta se puede confundir con ira. 

Hay varias herramientas que desde pequeños nos pueden enseñar a identificar las emociones. Ver cómo con cada emoción viene consigo uno o varios pensamientos, y con ellos una sensación fisiológica que causa en nuestro cuerpo. El identificar que esta emoción se encuentra con nosotros ese día, nos ayuda a regularnos. Esto es muy importante, pues hasta la alegría debemos regularla, no porque sea una emoción agradable está bien vivenciarla en un extremo. 

Después de regularnos, considero que una parte importante en cuanto a nuestras emociones es muchas veces el tener la capacidad para comunicar de manera asertiva aquello que estemos sintiendo, pensando o viviendo. No porque una emoción sea desagradable es de mal rollo compartir lo que estas sintiendo. Si una persona te ha causado dolor, considero esencial poder comunicar qué fue eso que te molestó y te hirió. Siempre habrá maneras de poder comunicar sin necesidad de traer o provocar conflicto. 

Debemos escoger bien las frases que usamos para pedirles a las personas que se “calmen”, pues no podemos caer en invalidarlas. 

Permitir que una persona quiera expresar aquello que siente desde temprana edad, sin miedo al rechazo. Permitir llorar. No parar las lágrimas ni el llanto de una persona; no tener complejo de llorar de felicidad o tristeza, o hasta de rabia en ciertos momentos. El llorar alivia, libera, destapa aquello que llevamos dentro taponado. Llorar con moderación ayuda a entrar en contacto con nuestras emociones. El querer llorar es una señal de que alguna emoción te está hablando y te quiere decir algo. 

Conectar con nuestras emociones abre un mundo inmenso de auto conocimientos esencial para vivir una vida más tranquila y llevadera. Conocernos a nosotros mismos, conectar con aquello que nos hace bien y nos hace mal. Al conectar con ellas, buscamos esos recursos que cada persona tiene para regularnos. En cada persona es diferente, hay personas que meditan, otras hacen yoga o ejercicio. Hay quienes pintan, cocinan, colorean, tocan algún instrumento. Cada uno de nosotros tiene una cajita de herramientas que nos ayudan a regular y canalizar esa emoción que estamos vivenciando. Hay recursos que puedes aplicar más al momento, que son más aplicables para circunstancias donde no tienes mucho tiempo. Tomar un vaso de agua, respirar, contar de uno a diez. Estos recursos te ayudan cuando estas a punto de explotar, sea de risa, sea en llanto, sea de la rabia… siempre hay pautas que podemos utilizar para regularnos. 

Preguntarnos cuáles son esas señales físicas que estamos teniendo, antes de vivir esa emoción es muy importante también. Puede ser que tu corazón esté palpitando más rápido, que estés sudando, que estés inquieto, que tengas cierto tipo de pensamientos en bucle; este tipo de señales están ahí para advertirte que algo internamente te está pasando. Lo podemos evidenciar cuando tenemos ansiedad. Están aquellas personas a quienes les da ataques de ansiedad o de pánico. Siempre hay cierto tipo de señales que nuestro cuerpo empieza a manifestar y son las que nos avisan cual emoción estamos viviendo. 

Dejarte sentir la emoción y experimentar lo que sientes, para así saber identificarla. Detenerte y escuchar lo que te está diciendo. Buscar recursos personales para canalizar esa emoción. Buscar cuáles son tus herramientas para regularte. Permitirte expresar eso que estas sintiendo. Y por último, ver qué nos enseña ese día esa emoción, cuál era su misión. Una vez empiezas a distinguir cuáles son los propósitos que tienen las emociones empiezas a ser más consciente de cómo manejarlas, o qué te vienen a decir.

Maria Lucia Pardo Psicóloga

Mi nombre es María Lucia y soy una apasionada de la psicología. Esta linda profesión me ha enseñado y me sigue enseñando. Por medio de mis experiencias y de los estudios que he realizado agradezco que puedo ayudar a personas que necesitan orientación a encontrar un balance emocional y un autoconocimiento liberador. Confió infinitamente en la importancia de ser conocedora de nuestras emociones y la importancia de permitirnos sentirlas. Puedes seguir mi trabajo en Instagram en @tubalance.emocional