Estudiar Psicología cambio mi perspectiva: Mi historia con Lucas

«No pasa nada»

Lucas

Hola, y antes que nada gracias por leerme, hoy te quiero contar la historia de cuando caí en
cuenta que tenía un hermano y como estudiar psicología me ayudo.

Mi hermano Lucas nació con una discapacidad que se llama esclerosis tuberosa. Unos meses
antes de su nacimiento, vimos en una ecografía que tenía siete tumores en su corazón, tumores
que, a los quince días después de nacido, removieron en una cirugía de corazón abierto. A
consecuencia de esto, Lucas tiene unas calcificaciones en su cerebro, las cuales produjeron su
discapacidad cognitiva y epilepsia. Cabe mencionar, que de pequeño solía tener episodios de
epilepsia continuamente, pero estos fueron controlados con los años por medio de medicación.

Cuando tienes 5 años y has sido la hija consentida de tus papas, entender que nace un
hermanito que roba toda su atención y que, dadas sus condiciones de nacimiento, requiere el
triple de atención, no es fácil. En ese momento estaba muy pequeña y entender la situación era
un poco confuso, solo recuerdo que para mí fue doloroso y fue un dolor que cargué por muchos
años.

Tengo pocos recuerdos de jugar con él, de cuidar de él. Los años pasaron y mi hermano fue
creciendo, y yo sin darme por enterada de lo que hacía, con quien estaba, como era él, etc.
Hasta el punto en que realmente no le daba importancia a mi hermano; para mí, casi que ni
existía.

A medida que crecí, me di cuenta como este episodio de mi vida me había traído todo tipo de
inseguridades; miedo al abandono, baja autoestima, el sentirme no ser suficiente para los
demás. Lo que vivimos en temprana edad construyen nuestra personalidad. En mi caso, me
tomaron años para entenderlo y sanar.

Estudiar psicología me abrió la puerta para identificar y trabajar en esos traumas. Cuando
cumplí 21 años aproximadamente y me encontraba estudiando psicología en la universidad,
empecé a darme cuenta que no sabía mucho del diagnóstico de mi hermano; quería saber de
él, de su condición, de que había pasado y convertirme en esa hermana que nunca había sido.
Por eso, empecé a tenerle más paciencia y a involucrarme en su vida y sus actividades diarias,
pero además a leer e indagar más sobre las condiciones de Lucas.

El estudiar psicología me ponía en contacto con eso que durante años no entendía que era.
Sentimientos como los celos, el temor a ser abandonada, empezaron a tener sentido. El leer en
libros sobre el autismo, sobre diferentes diagnósticos, siempre me conmovía. Entendía que
muchas de las cosas que leía las encontraba en Lucas y que nunca había realmente caído en
cuenta que él tenía una discapacidad, y que no era ese hermano que yo percibía como
estresante.

Como en el tercer semestre de la universidad, viajé a Houston, ciudad donde había nacido
Lucas. Visité el hospital donde había nacido mi hermano, no les puedo describir lo que mi
corazón, mi alma sintió en el momento en que entré a ese lugar donde había vivido tanto.

Donde había presenciado tanta tristeza, angustia, y al mismo la infinita felicidad de mis papas.
Donde la María de 5 años no entendía mucho de lo que pasaba y había construido todas las
inseguridades que me acompañarían por tantos años. Lloré mis ojos, y reviví muchas
sensaciones que había olvidado de esos años. Volví a ese McDonalds que mi papá siempre me
llevaba para comerme un helado y así poder subirme los ánimos. En psicología hablamos del
termino catarsis, el cual hace referencia a ese proceso de liberación o eliminación de los
recuerdos que alteran la mente. Sin duda en este momento de poder vivenciar ese lugar y de
recordar todo lo que mi mente había enterrado en mi memoria, fue un momento de catarsis
increíble.

Cuando me vine a España a realizar mi master seguí entendiendo varias cosas. Cuando hice mis
practicas trabajé con una población de adultos con discapacidad cognitiva y algunos física. La
vida siempre nos pone en el camino eso que no hemos sanado y debemos trabajar, y así mi
trabajo de aceptación y entendimiento siguió.

Desde chiquito, Lucas empezó a decir la frase: “no pasa nada”, a pesar de las pocas palabras
que en ese entonces tenía en su vocabulario y capacidad de habla. La aprendió, al escucharla de
otros en sus citas médica de rutina, cuando tenía un episodio epiléptico, o inclusive, en esos
momentos en los cuales para él expresarse era complicado y le daban ataques de histeria; mis
padres y las personas a su alrededor le decían, “no pasa nada”.

Jamás olvidaré el día en el que yo estaba muy triste por haberme peleado con una amiga y
Lucas con toda su inocencia y amor se voltea y me dice en sus propias palabras “ No pasa
nada”. En seguida pare de llorar y entendí que realmente no pasaba nada, y que ese problema
tenía solución y no requería de que estuviera así de afectada.

Con gestos como estos, mi hermano nos enseña constantemente lecciones de vida. Lucas no
sabe lo que es el racismo; no sabe de diferencia de género, no discrimina por clases sociales;
tiene acento tolimense en momentos; y, es amante del Junior de Barranquilla. Lucas tiene mi
misma nariz, las orejas de mi papá y la generosidad de mi mamá. Lucas es nuestro tesoro. Todo
el que lo conoce se enamora de su cariño, de su ternura.

Hoy en día nuestra amistad es mucho más fuerte y puedo afirmar que realmente amo a mi
hermano. No les digo que nuestra relación es perfecta, como hermano menor todavía lo
molesto y peleamos. Pero ya soy consciente de que tengo un hermano y que es lo mejor del
mundo. Como mencione anteriormente, ese dolor por fin sano y mi trabajo personal sigue día a
día.

Mi trabajo personal lo he llevado acabo con psicoterapia, también he realizado terapia de
constelaciones, el cual ha sido un campo innovador para mí, a nivel personal y profesional. Por
medio del diálogo con mis padres también he sanado ya que el tener una comunicación abierta
con ellos me ha ayudado a completar varias piezas del rompecabezas. El tener esas piezas
ayudan a que uno entienda, perdoné y libere.

En el mundo psíquico de cada persona entendemos las cosas porque nosotros le damos el juicio
de valor basado en lo que nosotros vemos, vivimos y sentimos en determinado momento. Al
tener la versión de los hechos de otras personas, ese juicio de valor se expande y entendemos
que esa realidad que teníamos no es única y es mucho más amplia, y es ahí donde encontramos
muchas veces entender y perdonar. Estudiar psicología sin duda ha sido mi mayor trabajo, pues
me he tenido que exponer a verdades y conectar con emociones que no siempre uno quiere
sentir. Estudiar psicología me ha brindado con herramientas personales que me ayudan a mí,
pero que también le enseño a otros, tal como lo es el autoconocimiento. El saber tu historia,
entenderla y no tener miedo de indagar sobre esos episodios que nos trajeron dolor.

Maria Lucia Pardo(Autor invitado) Psicóloga

Mi nombre es María Lucia y soy una apasionada de la psicología. Esta linda profesión me ha enseñado y me sigue enseñando. Por medio de mis experiencias y de los estudios que he realizado agradezco que puedo ayudar a personas que necesitan orientación a encontrar un balance emocional y un autoconocimiento liberador. Confió infinitamente en la importancia de ser conocedora de nuestras emociones y la importancia de permitirnos sentirlas. Puedes seguir mi trabajo en Instagram en @diariodeunapsico