La ira es la traducción de injusticia

“La ira es un veneno que uno toma esperando que muera el otro”.
William Shakespeare

Fritz Perls inmerso en la terapia Gestalt nos ilustraba la importancia de no satisfacer las necesidades de los otros, más que las propias. “Yo no estoy en este mundo para satisfacer tus expectativas, ni tú estás en este mundo para satisfacer las mías. Tu eres tú y yo soy yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos será maravilloso. Si no, no puede remediarse” Fritz Perls. Y si realmente somos conscientes de esa proposición, las acciones/actitudes del otro no deberían porque afectarnos puesto que el otro es un universo completamente distinto al nuestro, y no tiene la responsabilidad de mantener “estable” nuestra inteligencia emocional.

Si realmente percibimos nuestra psique interna y controlamos lo que sentimos, podemos modificar la interpretación de nuestro entorno y nuestra reacción; pues realmente somos los únicos responsables de nuestra manera de reaccionar (que en ocasiones termina saboteando nuestro propio proceso) ¿Pero por qué nos cuesta tanto controlarnos al sentir ira? Porque la ira no es más que la traducción de algo injusto para nosotros.

Piensa en este instante en cualquier situación que te genere ira; Es por que te parece injusto ¿correcto? Al momento que reconoces que detrás de la ira no hay más que un sinsabor de injusticia, entiendes de dónde proviene, la procesas y es
eventualmente más fácil soltarla. Una vez que entiendes el por qué de tus emociones, les das sentido y gestionas el cambio en la reacción; empiezas a equilibrar tu mente que conforma tu experiencia humana a algo más placentero que el estar convirtiéndote en juez implacable de los otros. Todos creemos que nuestro punto de vista frente al otro o a las situaciones es una verdad objetiva, pero nuestras experiencias están matizadas por nuestras percepciones personales que realmente impiden ver la objetividad del asunto. Es por esto que nos cuesta soltar la ira, creemos que tenemos siempre la razón. La causa de nuestro sufrimiento es pensar que encontraremos la felicidad en el otro, y si nuestra felicidad siempre va a depender de un otro o de sus acciones frente a ti, pasarás la vida buscándola.

Que hacer entonces al momento de sentir ira:

1. Siembra la conciencia del poder de tus percepciones:

Tenemos que adquirir una capacidad sobrenatural para asumir la responsabilidad de nuestra percepción y que eventualmente eso conllevará a estar errados sobre una verdad. Los lentes que nos colocamos al ver una situación son nuestros, a veces es necesario cambiar o quitarnos la montura para observar mejor. No siempre vas a tener la razón, está bien aceptarlo y no luchar con ello. Cuando identificas objetivamente en que fallaste, es más
fácil asumir responsabilidad y liberar la tensión del enojo. Si caperucita cuenta la historia, el lobo siempre será el malo.

2. Sin un auténtico yo, no es posible el desarrollo de una relación auténtica:

Cuando observas a un otro, lo debes observar no como tu quisieras verlo, sino como es. Entendiendo que el otro es un mundo distinto al tuyo y por eso lo hace fascinante. No porque tu lo hubieras pensado o experimentado distinto, significa que el otro lo debió haber experimentado de la misma forma. La ira surge cuando crees que el otro debe ser lo que tu quieres que sea. Hay que ser auténticos y así mismo, posibilitar el desarrollo de una relación autentica, entendiendo y compartiendo desde la diferencia de perspectivas.

3. No te tomes la poción de la ira:

Sigues aferrado a determinada situación/persona en la medida que cultives la ira hacia ello. La única persona que se mortificará diariamente luchando con esa injusticia serás tu. No es fácil, pero te aseguro que si dejará de ser agotante. No es necesario ni siquiera seguir en el juego de la ira cuando entiendes que las acciones del otro no tienen que ver necesariamente contigo; sino con vacíos internos no resueltos.

4. Quítale el único poder que tiene: Tu atención Realmente si entiendes este último, has entendido todo. Tu atención ante esa persona/situación que te genera tanto malestar solo tiene un único poder y es que lo sigues alimentando con tu atención y tu esfuerzo. Tienes la capacidad de enfocarte en lo que quieres y más importante el control frente a la reacción.
Todos concordamos en que experimentar la ira es frustrante y agotador. A nadie le gusta sentirla y menos cultivarla por tiempo indefinido. Quizás nunca tendrás el cierre, explicación, disculpa y acción que deseaste pero no por eso hay que contaminarse con ello. No luches contra lo que no pudo ser; por el contrario, entiende cada vez más por qué los otros realizan las acciones que realizan, en muchas ocasiones no es directamente contigo, es por patrones de crianza, vacíos internos, conflictos personales e incluso, solo reacciones a como enfrentan la situación. A veces nos hieren únicamente para sentirse “mejor” con la desdicha
propia. Cuando entiendes que la ira solo te mata a ti mismo, más no al otro, no sigues tomándola. ¡No sigas estando preso, si fueras libre tendrías elección y por eso sigues cultivando la rabia!

Estar furioso, no le hará tanto daño a la otra persona como te lo hará a ti.

Pamela Orozco(Autor invitado) Psicóloga y Autora Invitada de DT

Soy psicóloga y aprendiz de la vida. Me encantan los procesos reflexivos y consolidarlos a través de la escritura. Mi misión es hacer de cada encuentro una lección o un aprendizaje. A través de la terapia y de mis experiencias, intento guiar a los demás a ese autodescubrimiento e infinita reflexión liberadora