¿Qué es la filofobia o miedo a enamorarse?

Si existen dos temas recurrentes, que nos atraviesan a todos, con los que podemos empatizar y con los que somos constantemente bombardeados, ya sea por los medios de comunicación o en la redes sociales, son: el miedo y el amor. El primero lo vemos en las noticias, en la pandemia que nos acecha, en la supuesta e inminente crisis económica, en los crímenes cometidos con violencia. El segundo suele ser el tema central de películas, canciones y novelas que consumimos en nuestro tiempo libre.

Todos hemos sentido a lo largo de nuestra vida, ya sea de manera intensa o pasajera, tanto amor como miedo. Aunque nunca hayas estado enamorado en el sentido romántico, igual puedes sentir amor por tu familia, tus amigos o tu mascota. Y lo más importante de todo, ojalá te ames a ti mismo. El miedo también lo experimentamos de diversas fuentes, desde miedo a las alturas o a las arañas hasta miedo a perder el trabajo o a un ser querido.

Lo que no es tan usual o no está tan visibilizado es la idea del amor y del miedo juntos, como parte de un mismo fenómeno. Estamos hablando de la Filofobia.

¿Qué es la Filofobia?

La palabra fobia deriva del griego Fobos. En la mitología era el hijo del dios de la guerra Ares y la diosa del amor Afrodita, personifica el temor y el horror. La fobia es un miedo intenso y desmedido, que a los ojos del observador inexperto puede resultar irracional. Se dispara por situaciones u objetos concretos que generan ansiedad y en el peor de los casos puede derivar en ataques de pánico.

Algunas de las fobias más conocidas son la claustrofobia, que es el miedo a los lugares cerrados así como la agorafobia que es el miedo a los espacios abiertos. Pero una fobia que está mucho menos extendida es la filofobia, que se trata nada más y nada menos que de miedo a enamorarse. Lo más interesante es que, si bien como concepto nos puede resultar extraño y peculiar, una vez nos informamos sobre las causas y los síntomas, éstos nos resultan familiares. Tal vez incluso conozcas a alguien que presente estos patrones o los reconozcas en tu propio accionar.

Causas

Existen distintas causales que podrían provocar el desarrollo de esta fobia. Vale destacar que, si bien puede que todos hayamos experimentado alguna de estas situaciones no todos reaccionamos por igual. Que lo hayas vivido no implica que vayas a desarrollar esta patología.

Una de las razones más usuales es el tan conocido “corazón roto”. Si has vivido un desamor muy doloroso, ya sea porque te engañaron o que porque simplemente tu pareja te dejó o se esfumó el amor, esto puede llevar a que te alejes de entablar una relación por miedo a que te vuelvan a lastimar. Es como una especie de estrategia de defensa: si no me enamoro, no me pueden volver a romper el corazón.

También podría causarse por una pérdida dolorosa, si viviste un duelo ya sea porque falleció tu pareja o algún familiar o amigo muy cercano. Si el duelo no se atraviesa correctamente, con la debida paciencia y compasión o si no se recibe la compañía y el apoyo necesarios, puede que la persona se aleje de entablar nuevos vínculos afectivos por miedo a volver a perder al otro.

Otra de las causas es si la persona experimentó con anterioridad una relación tóxica en la cual sus libertades fueron coartadas. Ello puede llevar a que esa persona ya no quiera volver a relacionarse con otros por miedo a tener que de nuevo abandonar su libertad y libre albedrío. Puede ser que su pareja anterior haya sido muy absorbente y ahora ese miedo a perder su individualidad le provoque cerrarse a conectar con nuevas personas.

También puede nacer del miedo a ser rechazado, ya sea que la persona haya o no vivido una rechazo con anterioridad. Si uno tiene baja autoestima y pone su valor en la aceptación y reconocimiento que puede recibir de un otro, entonces que le digan que no o lo dejen puede ser un golpe demasiado duro de manejar. Por lo cual, prefieren directamente mantener la distancia para no enfrentarse a ese desequilibrio.

La filofobia también se puede generar por experiencias ajenas. Sabemos que nuestro linaje y experiencias familiares pueden llegar a tener una gran incidencia en nosotros mismos. De esta forma, si alguno de nuestros familiares ha sufrido inmensamente por amor, puede que esto impacte en nosotros de forma tal que nos alejemos de conseguir pareja para no pasar por lo mismo.

La relación más importante que tenemos en nuestra vida y que moldea todas las que vendrán luego es la que tenemos con nuestros padres y, en especial, con nuestra madre. Por lo que si alguno de ellos ha tenido una experiencia especialmente dolorosa, que podría ser de abuso, traición o incluso un divorcio especialmente hostil, esto podría afectarnos inmensamente.

Para ejemplificarlo podemos acudir a la historia. Isabel I de Inglaterra reinó durante casi medio siglo y nunca se casó, se le llamaba “la reina virgen” porque jamás se le conoció ninguna pareja. Se dice que ella podría haber padecido de filofobia ya que su padre, Enrique VIII mató a su madre Ana Bolena cuando ésta se enamoró de su primo. El desenlace trágico de este amor puede haber tenido tal impacto en la joven Isabel que luego ella no haya podido volver a disociar el amor de la muerte.

Síntomas

La filofobia también es comúnmente llamada como miedo al compromiso. Por lo cual, no solo afecta a personas que nunca buscan o tienen pareja sino también a aquellas que sí se emparejan pero nunca parecen dispuestos a comprometerse al 100%.

Otro síntoma es que suelen iniciar e incentivar peleas para asegurarse de que la relación no llegue a buen puerto. O se interesan por personas que son inalcanzables de forma tal que se cuidan de que efectivamente de allí pueda nacer una relación. También pueden fijarse en gente con la cual no tengan nada en común para, de la misma forma, estar tranquilos de que eventualmente el vínculo no va a afianzarse. Suelen ser muy críticos y constantemente están señalando defectos en el otro para justificar por qué no están más investidos en la relación.

En la práctica terminan evadiendo a la otra persona, no las llaman ni hacen planes para verse. Si el otro los invita a hacer algo siempre están ocupados o ponen una excusa.

Otro de los síntomas más usuales es que la persona entable varios vínculos a la vez, relacionándose con más de una pareja o potencial pareja pero de una manera impersonal. No se abre realmente ni comparte muchos detalles sobre si mismo ni su intimidad. Estos vínculos dan la sensación de una especie de falsa conexión pero al mismo tiempo, los protege de aquello que tanto les da miedo: el permitirse ser vulnerables ante el otro.

Es importante comprender que estas actitudes no las hacen por maldad sino que se debe a una reacción química hormonal. En general, cuando estamos con alguien que nos atrae nuestro cerebro segrega oxitocina, dopamina y serotonina. Hormonas relacionadas al placer y la felicidad. Pero en el caso del filófobo, su cerebro segrega cortisol que es la hormona relacionada al estrés. Ello lo impulsa a este accionar evasivo como medio para defenderse ante la posible traición o el abandono.

Dicha respuesta química puede llegar a desencadenar una serie de reacciones en el cuerpo propias de la ansiedad como: aumento de pulsaciones, insomnio, dolor de panza o diarrea, sensación de falta de aire, aumento de la temperatura, mareo, etc.

No se trata de no sentir miedo, se trata de abrazarlo, verlo y poder experimentarlo de una forma sana, consciente y responsable. No dejar que nos paralice y que nos impida disfrutar de una de las experiencias más nobles y enriquecedoras de la vida como es sentir amor por el otro. Porque nuestros mayores aprendizajes se dan en relación con el otro y si no nos permitimos esa conexión entonces también nos estamos negando el saber. Y si no nos permitimos aprender ¿estamos realmente viviendo?

La mayoría de las personas no son conscientes de que sufren este trastorno por lo cual no acuden a la ayuda necesaria para poder sanarlo. Mediante terapia se puede analizar cuál fue el origen de este miedo para poder eventualmente deshacernos de él y poder entablar relaciones sanas y armoniosas. Porque al final del día somos seres sociales y nadie, ni siquiera el que padece filofobia, quiere sentirse solo.

Valentina Carbajal Periodista y comunicadora

Periodista, comunicadora y creadora de contenido, no hay nada que me apasione más que escribir. Me encanta poder explorar distintas temáticas y empatizar a través de la palabra.